Hannah Imbert

Humanidad sintiente

Desde el solsticio de invierno, el día 21 de diciembre, vengo reflexionando sobre la naturaleza cíclica de la vida. Este 2023 ha sido un año difícil, tan intenso que mientras hacía mi recuento, pensé que parecían más dos que un solo año; pasaron tantas cosas, di tantos saltos, busqué sin parar, fui de la noche oscura del alma al despertar de la conciencia, del libro de poemas a un libro/diario que me tramo y después a una novela con nombre obsceno. Muchas noches pasé de la risa y el baile desenfrenados al llanto profundo y quieto, de la molestia a la pasión, del “no quiero” al “échamelo en el sombrero”. Este año fue la verdadera montaña rusa de emociones y sucesos, quizás no tanto de sucesos como de emociones. Para que entendiera que no soy las cosas que me pasan, sino cómo las siento. “El cuartico está igualito”, sin embargo, yo me siento otra.

Pero es que esa es la existencia misma, un círculo infinito donde todo regresa, todo pasa, todo se acomoda. Un círculo infinito de lecciones que vinimos a aprender y que repasamos en cada luna nueva para vencer en cada llena. Un círculo donde si nos ponemos a pensar bien, todo nos es conocido ya, solo basta con recordar, con regresar al silencio del alma para ver de nuevo todas las escenas.

Como en un cine de barrio, la vida es una película que ya vimos, solo que la recordamos cerca del final. El tiempo, ese almanaque que nos lleva recio, es otra construcción humana, otra para mantenernos ocupados, eficientes, ¿motivados? No existe el tiempo cuando se trata de aprendizajes, de vidas vividas a pleno pulmón, de gritos dados a todo lo que da y de eso se debería tratar al final.

No voy a dar una clase de motivación, de hecho me molesta mucho el término, yo no motivo a nadie ni siquiera a mí misma, yo hablo con el corazón en la palma de la mano, como lo hago todo. Hoy, a días de la última luna llena del 2023, les digo que recuerden, que se lo dejen cerquita, el hecho de que nuestra vida es como la luna, tiene ciclos y que lo que hoy puede sentirse como el fin del mundo, mañana será una tontería, por tanto, ¿por qué afligirse con algo que mañana nos va a causar risa y alivio?

Que la vida sea un ciclo nos debería llenar de tranquilidad y paz, ¿si sabes que va a parar de llover en algún momento no te afliges tanto, verdad? Todo cae, todo se acomoda, existen leyes de la naturaleza que se encargan sobre todo de hacer cumplir eso, alguien nos guía y ni siquiera es uno solo sino que son muchos los que nos guardan y no permiten que perdamos el camino. Confía, suelta las riendas que nadie te dio, vive sintiendo, siéntete mucho y siéntete todo el tiempo, permite sentirte y actúa según ese sentimiento. Todos somos magos, creadores infalibles de nuestro propio destino, todos tenemos el don de saber qué es lo mejor, nosotros tenemos todas las respuestas en una pequeña cajuela situada muy cerca del centro del pecho. Si fuéramos más sinceros, si nos escucháramos desde adentro con más atención, sí, si consiguiéramos subir el volumen de nuestra sabiduría y bajar un poco el de la “sabiduría” de los demás… qué diferente sería todo, que mágico, qué pleno, qué conscientemente maravilloso.

Vivamos sin tanta premura, lo que va a pasar, pasará, lo busques o te quites, hagas listas o lo pienses en silencio, hagas rituales o tengas la mirada perdida al horizonte. El año que viene yo voy a pelear contra mi ego, contra todos esos deseos que me dijeron que tenía que pedir; voy a intentar desaprender lo aprendido y voy a vivir según los latidos de mi corazón, me voy a abandonar a sus antojos y que los demás digan que he perdido la poca cordura que me quedaba. ¿Qué más da, si ya casi todos piensan que estoy loca? ¿Qué más da probar por otros 12 meses una estrategia del alma conmigo misma? ¿Qué más da, si el coreógrafo de mi baile ya sabe que eso es lo que toca bailar? En alguna parte leí que el que lo ha perdido todo vive sin miedo, ¿qué tal si vivimos como si no tuviéramos nada y así perdiéramos ese miedo que nos impide vivir con las cinco letras de la palabra? ¿Qué tal si nos llenamos de valor y hacemos simplemente lo que tengamos deseos de hacer? El otro nos va a imitar y así seremos una humanidad sintiente.

Una humanidad sintiente, qué lindo término… feliz vuelta a otra página del calendario.

 

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Sobre Hannah

Hannah Imbert Morell nació en La Habana, Cuba cuando el sol estaba en Virgo en el año 1985…

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